Tienen también gente interesada en la animación y fomento de la lectura: la prueba es un árbol de papel que comienza al año sin hojas y se va llenando en la medida que los alumnos llevan libros para leer. Cada color de hoja representa un grupo.
Así que apenas llegué me encontré con una sala bien organizada y con varios estudiantes que me esperaban.
Las profesoras de literatura fueron quienes mandaron la invitación. Agradezco aquí a todas en el nombre de Karen Galleros, que ya desarrolló una experiencia similar el año pasado en el Liceo 3.
La idea era mostrar dos técnicas de narración, con libro y sin libro, aprovechando para contarles dos historias bien diferentes.
Luego hicimos un pequeño micro taller para demostrarnos cuántas cosas debo considerar a la hora de expresarme y contar.
Gestos, ademanes, miradas, todo ayuda y complementa mi labor.
Estos alumnos interesados se reunirán una vez cada quince días con sus docentes de literatura e irán conformando un grupo al que me iré acercando para apoyarlos y coordinarles actividades con los más pequeños.
De los siete Liceos que tiene Salto ya logramos contactar y sensibilizar a tres. Hay que seguir pero aún así: estoy muy satisfecha.





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